Medicamentos y disfunción sexual femenina
Publicado por Juan en Mayo 27, 2006

Los medicamentos tienen una utilidad limitada para tratar las disfunciones sexuales femeninas
Alejandra Rodríguez
Una revisión publicada en ''The New England Journal of Medicine'' pone de manifiesto la confusión que existe a la hora de tratar los problemas sexuales de las mujeres. Según el documento, es necesario esforzarse en localizar la raíz del problema para aplicar la solución que, sólo a veces, será farmacológica.
Una ginecóloga se encuentra en su consulta con una mujer de 46 años, casada desde hace 16. Se queja de tener el deseo y la excitación sexual al mínimo durante las relaciones sexuales; situación que se viene dando a lo largo de la última década. Las fantasías sexuales, los pensamientos eróticos y los orgasmos son muy poco frecuentes y la lubricación en estas circunstancias es la mínima imprescindible para mantener una relación coital no dolorosa. Ella y su marido tienen un hijo de ocho años, concebido tras un largo proceso de fecundación ''in vitro'' al que tuvieron que recurrir por una infertilidad idiopática (origen desconocido). ¿Qué tratamiento debe recibir? Esta es la pregunta que se plantea la autora de una revisión publicada recientemente en ''The New England Journal of Medicine'' sobre las disfunciones sexuales femeninas y sus terapias. Hasta que las investigaciones vayan más lejos, las mujeres no pueden confiar en las terapias farmacológicas igual que los varones para mejorar su respuesta sexual. En cambio, hablar del tema, buscar el placer con nuevas técnicas, compartir las inquietudes con la pareja y consultar con un profesional sí resulta efectivo.
Los tiempos en los que se aconsejaba la ablación del clítoris para evitar la masturbación femenina (propuesta por Isaac Baker Brown, presidente de la Asociación Médica de Londres en 185
o en los que se consideraba «irrelevante para los sentimientos de una mujer que ésta tuviera genitales o no» (una de las máximas de la medicina del siglo XIX) han quedado atrás. No obstante, en cuanto al manejo de sus problemas sexuales las féminas siguen estando todavía muy por detrás de los varones.
En opinión de los expertos, las mujeres que toman conciencia de su sexualidad deben enfrentarse a muchos siglos de ignorancia y desinformación y deshacerse de infinidad de tabúes y prejuicios socioculturales, educativos y religiosos que han provocado que, ellas mismas hayan relegado el sexo a un segundo plano dentro de sus prioridades.
«Sólo el 24% de las españolas se preocupa por este aspecto, a pesar de que más del 50% está descontenta con él», señala Francisco Cabello, presidente de honor de la Federación Española de Sociedades Sexológicas y director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología.
Y es que, a pesar de que a partir de los años 60, en EEUU (a raíz de los controvertidos informes Kinsey), se empezó a reivindicar el placer también para ellas, desde entonces se han hecho pocos muy avances en este campo.
Un buen ejemplo es que, si se hace una búsqueda en la literatura científica acerca de los estudios dedicados a la sexualidad femenina y masculina, la diferencia entre el volumen de un grupo y el del otro es abrumadora: de 40 a 1.500, respectivamente. «Tenemos que admitir que tradicionalmente no se le ha dado la misma importancia a la sexualidad del varón que a la de la mujer. Incluso ellas están mucho más preocupadas por satisfacer a sus parejas que por su propio placer», corrobora Cabello.
COMPLEJIDAD
Quizá por eso, a la hora de abordar las disfunciones sexuales femeninas se parte de un claro error de base. Siempre se baraja el argumento de que la sexualidad del varón es mucho más orgánica y simple que la de la mujer, puesto que está estrechamente ligada a la erección, y que en las féminas el componente psicológico tiene un peso específico fundamental, lo que hace que su tratamiento sea, por regla general, mucho más complicado que en el caso de los hombres.
Sin embargo, y aunque esta afirmación no deja de tener su parte de verdad, «se tiende a meter todo en el mismo saco y no es así de sencillo. Existen muchos problemas y en función de cada uno habrá que buscar una solución diferente», reivindica el especialista andaluz.
La revista ''The New England Journal of Medicine'' ha publicado una revisión al respecto de las disfunciones sexuales femeninas en el que se hace hincapié, precisamente, en ese mismo error.
La autora, Rosemary Basson, del Departamento de Psiquiatría, Obstetricia y Ginecología de la Universidad de British Columbia (Vancouver, Canadá), se encargó de poner sobre la mesa las definiciones de las diversas alteraciones que pueden afectar a la vida sexual de la mujer y de repasar cuál es la evidencia científica disponible acerca de su tratamiento:
Deseo sexual hipoactivo
. Se produce una caída de la libido, de manera que la paciente no tiene fantasías eróticas, ni deseos de mantener relaciones sexuales. Es la disfunción más habitual y quizá la más difícil de tratar, puesto que suele ir acompañada, como es bastante lógico, de falta de excitación y de anorgasmia (ausencia de orgasmos regulares e intensos).
Otra dificultad añadida se basa en que su origen puede ser de naturaleza muy diversa; desde la bajada de testosterona (hormona masculina ligada al impulso sexual) que acontece después de, por ejemplo, la extirpación de los ovarios o la llegada de la menopausia, al consumo de determinados medicamentos (contraceptivos orales, antidepresivos…), pasando por conflictos de pareja, problemas personales, laborales, traumas asociados al sexo, ruptura sentimental reciente…
Trastorno combinado de la excitación
. Imposibilidad de alcanzar la excitación necesaria para mantener una relación placentera y plena, a pesar de la presencia de estimulación. Al no haber excitación sexual en el cerebro, tampoco se produce la respuesta refleja de carácter fisiológico (lubricación de la vagina, irrigación de la zona genital, aumento de tamaño del clítoris…).
Trastorno subjetivo de la excitación
. Si en el caso anterior no se producía reacción ni mental ni física al estímulo sexual, en éste la clave está en el cerebro. La mujer no siente su excitación, a pesar de que su vagina puede lubricarse adecuadamente. Esta alteración suele estar mediada por el entorno (problemas personales o psicológicos, distracciones, malas relaciones de pareja).
Alteración de la excitación
. En esta ocasión la mente dice «adelante», pero el cuerpo no responde y la experiencia no es satisfactoria. Es una especie de impotencia femenina, aunque se da con menor frecuencia que en el varón. La mujer tiene ganas de mantener relaciones sexuales, pero la cascada biológica está rota en algún punto. Normalmente, y a pesar de que este problema puede afectar psicológicamente, las verdaderas causas son orgánicas, de manera que mejorando la vascularidad de la zona se puede arreglar gran parte del trastorno.
Anorgasmia
. Se dan todos los ingredientes para lograr el clímax (excitación física, estimulación sexual, deseo…), pero éste no llega, o lo hace de forma muy leve. Normalmente las féminas afectadas por el problema anterior anterior tampoco tienen orgasmos, por lo que hay que afinar mucho en el diagnóstico para establecer el verdadero origen del problema. Para terminar de complicar el asunto, la autora de la revisión recuerda que estos trastornos pueden presentarse solos, pero lo más normal es que lo hagan en combinación, lo que acaba deteriorando la psique de la afectada. «No hay que olvidar que la sexualidad es el pilar básico de la salud mental», apostilla Francisco Cabello.
Finalmente, los medicamentos que ya han probado su eficacia a la hora de tratar la disfunción eréctil masculina (ver gráfico)- fundamentalmente los inhibidores de la fosfodiesterasa como el sildenafilo, el tadalafilo o el vardenafilo- todavía no han hecho lo propio con las mujeres.
Los ensayos que aún están en marcha con estos productos arrojan resultados contradictorios y todo apunta a que las beneficiarias finales serán las que presenten anomalías puramente vasculares que les impidan mantener relaciones sexuales plenas. Así, e igual que sucede en el varón, una paciente que no sienta atracción sexual por su pareja o que realmente no tenga ganas de mantener relaciones no encontrará consuelo en estos medicamentos.
Algo muy similar ocurre con el parche de testosterona, indicado para paliar la anafrodisia (falta de deseo). Esta hormona juega un papel crucial en la respuesta sexual y suele experimentar descensos notables en circunstancias concretas (climaterio, tratamientos farmacológicos agresivos…).
Si bien en estos casos concretos los resultados alcanzados son bastante prometedores, lo cierto es que por el momento «tanto los parches transdérmicos como los geles y cremas que contienen dicha hormona deben ser aplicados en periodos lo más cortos posible y en las dosis mínimas suficientes para lograr los objetivos que se persiguen», indica la investigadora canadiense, ya que los efectos a largo plazo del tratamiento no se conocen con exactitud.
«Además, antes de administrar testosterona o similares hay que valorar la existencia de otros problemas físicos o psicosociales que también pueden mermar el deseo», insiste Basson.
La especialista concluye su análisis proponiendo la realización de una valoración exhaustiva de cada caso, tanto de manera individual como en pareja. En esta especie de historia sexual se deben tener en cuenta aspectos relacionados con el equilibrio emocional de la paciente, las características de sus relaciones, sus antecedentes clínicos y cualquier emoción o sentimiento implicado en su actividad sexual.
«Recomiendo combinar el tratamiento cognitivo y conductual, así como la terapia de pareja de corta duración (entre tres y seis sesiones) centradas en reconducir la inadaptación, la desinformación y las expectativas que no sean razonables; además de ofrecer ayuda sobre técnicas y estrategias que aumentan la cercanía con la pareja y favorecen la comunicación y estimulación erótica», concluye la autora que, por el momento y hasta que no se hagan más investigaciones que avalen su seguridad y eficacia, no confía demasiado en las bondades de los medicamentos.
HAY QUE HABLAR
Francisco Cabello coincide con Besson en la necesidad de acudir a un especialista en cuanto el problema se convierta en una preocupación y en descartar conflictos interpersonales antes de imponer cualquier tratamiento farmacológico.
«No es lo mismo tratar un desequilibrio hormonal puro y duro que una falta de deseo que está ocasionada por un conflicto amoroso o por una depresión subyacente», ejemplifica el experto español.
«De sexualidad hay que hablar. No hay que perder la oportunidad de comunicarse con la pareja partiendo de un plano de igualdad a la hora de buscar el placer propio y el del otro; de preguntar cómo van las cosas, incluido el aspecto sexual», continúa.
De hecho, los laboratorios Bayer han puesto en marcha una iniciativa para favorecer tanto el diálogo entre la pareja como la búsqueda de ayuda más precoz. Bajo el lema ''Inicia la conversación'', los fabricantes de vardenafilo, se han propuesto ofrecer información que anime a las parejas a buscar una solución conjunta a sus dificultades sexuales.
«El silencio es una constante a la hora de afrontar esta circunstancia, ya que los españoles tardan unos tres años en consultar con un médico por este motivo», se queja la andróloga Ana Puigvert, adjunta del Servicio de Andrología de la Fundación Puigvert de Barcelona.
Y es que a pesar de que la campaña va dirigida especialmente a los problemas de erección del varón, no hay que obviar que el hecho de retomar las relaciones sexuales satisfactorias beneficia a ambos miembros de la pareja.
Finalmente, los expertos aconsejan acudir a un profesional no sólo para lograr un mayor bienestar físico y mental (la liberación de endorfinas que causa el sexo reduce la ansiedad, el estrés y mejora notablemente el estado de ánimo).
También hay que consultar cualquier anomalía relacionada con la respuesta erótica porque en ocasiones suele ser la punta del iceberg de patologías orgánicas como la diabetes o alteraciones cardiovasculares. Además, en el caso concreto de las mujeres puede indicar inflamación pélvica, deformaciones uterinas o desequilibrios hormonales.










Marzo 25, 2008 en 4:09 pm
Soy ipertenso y tomo medicamentos: EL ENALAPRIL Y LOVASTATINA,estos medicamentos influyen en mi actividad sexual?. Puedo usar medicamentos para estimular mi sexualidad tomando los anteriores.Ya he tomado Eroxim.Tengo 60 años.
Con el agredecimiento sincero
Mi espetuoso saludo
Marzo 25, 2008 en 10:18 pm
Hola Nelson:
Se sabe que algunos medicamentos influyen en el deseo, la erección o la eyaculación. Ahora bien, no tienen el mismo efecto en todas las personas. Por tanto, no estoy en posición de decirte si influye en la tuya en concreto. ¿Has notado cambios desde que has empezado a tomarlos? ¿Influye eso en la toma de otros medicamentos como el Eroxim? ¿Hay aguna incompatibilidad? Son cuestiones que puedes abordar con tu médico, que es quien tiene tu historial médico y está autorizado a medicar.
Otra cosa es que con independencia de la erección tú puedas disfrutar de la sexualidad. Ahí sí puedo decirte que el placer no está limitado a la penetración; esa es una de tantas formas. En caso de que la medicación necesaria para mantener la tensión arterial en los parámetros adecuados afecte tu erección, siempre quedan otras opciones. Es cuestión de explorar…
Un saludo cordial
Mayo 14, 2008 en 6:09 pm
hola.
yo quisiera un consejo por que en realidad mi sexualidad no es muy placentera y se que el problema soy yo no mi pareja. pues no consigo una total exitacion, me duele cuando hay penetracion por que no lubrico nada, y muy pocas veces consigo un orgasmo me gustaria que me dijeran que puedo hacer o que puedo tomar.
gracias….
Mayo 16, 2008 en 11:59 pm
Hola Priscilla:
Comentas varias cosas que están relacionadas entre sí; de hecho la una suele llevar a la otra: poca excitación, poca lubricación, dolor en la penetración, ausencia de orgasmo. Lo que no entiendo bien es por qué dices que tu falta de excitación no tiene que ver con tu pareja. ¿No te resulta atractivo? ¿Va muy rápido? ¿No te gusta cómo te toca? ¿Falla el momento, el lugar?
Si todo está “bien” según tu criterio y aun así no lubricas, puede que usar un lubricante te ayude a no sentir tanto rozamiento en la vagina. Lo que está claro es que si te duele la penetración, el orgasmo no va a llegar por esa vía, ya que es la acumulación de muchos placeres previos.
Ahora bien, si tienes relaciones eróticas para disfrutar y con la penetración no disfrutas, ¿qué otras prácticas amatorias se te ocurren que os pueden resultar placenteras? Porque a lo mejor resulta que os estáis empeñando en hacer solo una cosa, que no funciona, en vez de probar otras que igual sí os resultan agradables. Además, puede que esas otras prácticas no necesiten de la lubricación para que las disfrutéis. ¿Habéis probado a pasarlo bien SIN penetración? Por ahí a lo mejor encontráis una pista…
Si hay algo más que desees comentar, no dudes en hacerlo.
Saludos!!