Héroe de sillón

Artículos y opiniones sobre sexualidad

Sexualidad en la edad avanzada

Publicado por Juan on Febrero 12, 2007

(Texto extraído de La inadaptación sexual según Masters y Johnson. Belliveau, F., y Richter, L. Editorial Fontanella, 1974, pp. 273-284.)

16. LA SEXUALIDAD EN LA EDAD AVANZADA

La revolución sexual ocurrida entre la juventud actual es muchos menos radical que los nuevos datos aportados por Masters y Johnson en relación con las reacciones sexuales ocurridas con el paso de los años. Sus descubrimientos tienen especial importancia para millones de seres cuyas edades están comprendidas entre los cincuenta y los setenta años, especialmente hombres. Al hombre de mediana edad le preocupa pensar que pronto dejará de llevar una vida sexual. Tan pronto como advierte los cambios normales ofrecidos por su esquema de reacciones sexuales, propios de la edad, se da a innúmeras preocupaciones. Está en juego su virilidad. Según Masters y Johnson, todos estos temores son innecesarios: Un hombre dotado de buena salud, con una compañera de su gusto y a quien le guste estar con él, podrá disfrutar de vida sexual hasta los ochenta y tantos años. La ignorancia es una de las principales causas disua­sorias para un funcionamiento sexual efectivo a todas las edades, si bien sus más fatales consecuencias se dejan sentir cuando se ha llegado a una edad avanzada. Si se han ido perpetuando unos mitos en relación con los esquemas sexuales dentro de este grupo de edades ha sido simplemente porque se desconocían los hechos. Hasta que Masters y Johnson no dieron cuenta de sus descubrimientos no se disponía de datos exactos en re­lación con esta cuestión.

En Human Sexual Inadequacy los autores refieren el caso de una pareja típica que, contando los dos se­senta y pico de años, se presentaron a la Fundación para someterse a tratamiento. Esta pareja había tenido una activa vida sexual durante muchos años de matri­monio hasta que un día el marido observó que la erec­ción en él necesitaba para producirse más tiempo que de costumbre. Después de hacer varias veces esta misma observación, se intensificaron sus temores hasta convertirse en pánico, cayendo en la impotencia. Al cabo de unos meses, al acudir el matrimonio a la con­sulta de un médico, éste les dijo que la situación del marido era el lógico resultado de la edad, puesto que los hombres perdían la capacidad de erección; por tanto, debían acostumbrarse a ello, dado que nada podía hacerse para remediarlo.

Durante cinco años, esta pareja vivió infelizmente con la impotencia del marido. Durante este período de tiempo consultaron a otros varios médicos, quienes dieron el mismo consejo que el primero, hasta que, por fin, uno los envió a la Fundación, donde volvieron a ser sexualmente funcionales. ¿Cómo lo lograron Masters y Johnson?

El hombre con el paso de los años

Las investigaciones de fisiología sexual, realizadas en el laboratorio de la Fundación, comprendían observaciones del comportamiento sexual de hombres jóve­nes y viejos El hombre, prescindiendo de la edad, presentaba un ciclo de reacciones sexuales que comprendía cuatro fases: la fase de excitación (la erección), la meseta (aumento de las tensiones sexuales, que prolon­gan la erección), la fase orgásmica (eyaculación) y, finalmente, la fase de resolución (retorno del pene a su estado de flaccidez). Masters y Johnson observaron que estas cuatro fases varían a medida que los hombres van envejeciendo. Si el hombre de mediana edad y su esposa están al corriente de cuáles son estos cambios y los tienen en cuenta en el momento del acto sexual, no hay motivos para no poder prolongar la vida sexual. La razón de que varíe el ciclo de las reacciones es que los procesos del organismo se hacen más lentos con el paso de los años, aunque no cesan. En el tratamiento de las parejas de personas de edad avanzada, los tera­peutas de la Fundación explican a los pacientes estos cambios y les dicen cómo deben modificar su compor­tamiento sexual ateniéndose a los mismos.

La fase de excitación acostumbra a exigir más tiem­po al hombre de mediana edad. Tarda también más tiempo en producirse la erección y, es muy posible, que no sea de igual dureza que cuando aquel hombre era más joven. Los hombres que por vez primera se dan cuenta de esta merma suelen caer en el pánico, debido a que nuestra sociedad ha condicionado a todo hombre a esperar esta señal como el principio del fin de los placeres sexuales y el reconocimiento consciente de que la vejez ha llegado. Como señala el Dr. Masters: «Un hombre de edad avanzada llega a la erección con ma­yor lentitud, pero tampoco puede dar una vuelta a la manzana corriendo tan aprisa como cuando era joven. Cuando observa que reacciona con mayor dificultad, generalmente piensa: ¡Dios mío, esto ya se ha acabado! ¡No hay remedio! Entonces se preocupa y pierde la erección. Pero esta ausencia de erección es secundaria. Potencialmente, se encuentra en las mismas condiciones de siempre. ¿Qué ocurre cuando se comprueba el error de aquella idea?».

Durante la etapa de la meseta, el hombre de más de cincuenta años goza de todo un conjunto de ventajas con respecto a su contrapartida más joven. Tiene un control de la eyaculación mucho mayor. Puede mantener la erección mucho más tiempo, llegando a un grato nivel de tensión sexual sin verse acuciado por la impe­riosa necesidad de eyacular con la que debe luchar el hombre más joven. Los hombres que experimentan una secreción preeyaculatoria en la fase de la meseta en­cuentran que, con la edad, disminuye la cantidad de secreción. Esto es normal. Y no afecta para nada el funcionamiento sexual.

La mayoría de cambios que experimenta el esquema de reacciones sexuales del hombre de edad avanzada se producen en la fase de la eyaculación. La eyacula­ción suele presentarse en dos estadios. El primero es el «estadio de la inevitabilidad», es decir, aquel período en el que el hombre advierte que va a eyacular y en el que ya no puede hacerse atrás; el segundo es el «estadio de la expulsión», durante el cual el pene expele el líquido seminal. Después de los cincuenta años puede acortarse el período de la inevitabilidad (dos a cuatro segundos en lugar de cuatro a siete segundos) o bien puede desaparecer completamente. En este grupo es muy frecuente la eyaculación en un solo estadio. Esta circunstancia puede estar provocada por «merma hor­monal», es decir, disminución de la cantidad de hormo­nas masculinas, conocidas por el nombre de testoste­rona. Ocurre a menudo cuando el hombre retrasa mucho tiempo la eyaculación, generalmente reteniéndose para que su compañera pueda llegar al orgasmo.

Ciertos hombres afectados por problemas relacio­nados con la disminución de hormonas pueden ser tra­tados con la administración de testosterona, aun cuando Masters y Johnson señalan que actualmente se sabe muy poco acerca de la reposición hormonal en el hombre. Han observado igualmente que la expulsión de semen es mucho menos imperiosa en los hombres viejos y que no expelen tanta cantidad de líquido se­minal como los jóvenes. Estos cambios se acentúan con la edad, si bien el anciano, mientras ve que no pierde la erección con el paso de los años, se encuentra siem­pre en condiciones de disfrutar de actividad sexual.

El anciano suele perder totalmente la erección al cabo de unos pocos segundos de haberse producido la eyaculación, ya que su fase de resolución es mucho más breve que la del joven: Además, acostumbran a tener una fase refractaria más larga, es decir, a no tener una nueva erección hasta al cabo de muchas horas, en tanto que un hombre más joven, por’ medio de una es­timulación efectiva, puede volver a experimentar la erección al cabo de unos minutos.

Masters y Johnson explican a los hombres de edad avanzada que deben conceder un poco más de tiempo a la naturaleza para que siga su curso. Cuando un hom­bre deja de tratar de forzar la erección y permite que se produzca naturalmente, sigue siendo potente. Las instrucciones dadas a las parejas de edad avanzada abar­can técnica de estimulación previa (pág. 195 y págs. 233-239). Se hace entender a la esposa que no deberá inter­pretar las reacciones más lentas de su esposo como prueba de que no la encuentra tan atractiva como antes. En lugar de ello, los terapeutas incitan a los cón­yuges a abandonarse a un período más largo de estimulación previa. Además, la esposa puede aprender la habilidad de introducir el pene cuando todavía no está completamente erecto, ya que con los primeros movi­mientos se producirá la estimulación necesaria para la total erección.

Debido a unas necesidades de eyacular menos impe­riosas y a un mejor control de la eyaculación, el hombre está ahora en condiciones de satisfacer a su esposa, a veces por primera vez en su vida, ya que la reacción de ésta siempre fue más lenta que la suya. La esposa tiene ahora ocasión de sentir la sexualidad de forma no co­nocida hasta entonces. El marido, de hecho, se ha convertido en mejor amante.

El cambio más importante que deben asimilar los matrimonios de edad avanzada es que, a medida que el hombre va poniendo años, siente menos necesidad de eyacular. Masters y Johnson afirman:

«Este factor de una menor necesidad de eyacular en el hombre de edad avanzada constituye la base fun­damental para la efectiva prolongación del funcionamiento sexual en la ancianidad.» 1

Cuando el anciano eyacula sólo cuando tiene verdadera necesidad de ello, conserva su capacidad de erec­ción y puede seguir realizando regularmente el acto sexual. Este es un nuevo concepto importante tanto para las mujeres’ como para los hombres: La actitud estereotipada en relación con el acto sexual es que los cónyuges se sientan inefectivos si no se produce la eya­culación en el hombre: La sexualidad presenta unas ne­cesidades variables según los individuos, necesidades que deberán cubrirse, pues, en consecuencia; esté prin­cipio generalmente tiene mayor validez que cuando los cónyuges han superado los cincuenta años. Si el marido y la mujer no asimilan este principio, tal vez fuercen la eyaculación incluso cuando el hombre no tiene necesi­dad de ella, hecho que tendrá por resultado que la ca­pacidad de erección en el hombre de edad vaya en dis­minución. “Si alguien me preguntase qué hecho con­creto tiene mayor importancia en Human Sexual Ina­dequacy, le diría que esta cuestión de la sexualidad en el hombre de edad avanzada”, dice el Dr. Masters. “De difundirla, afectará directamente a más gente que nin­guna de las demás cuestiones. Esta sensación del pro­pio mérito aumentará la productividad en todos los campos… incluso en la cama.”

La mujer con el paso de los años

Las actitudes predominantes en relación con la vida sexual de las mujeres de edad avanzada se cuentan entre las tradiciones más destructoras de toda nuestra cultura. En ningún campo existe tanta información falsa como en éste. Hay muchas mujeres que consideran antinatural proseguir las relaciones sexuales. Es muy posible que sus madres les hayan dicho, como a éstas anteriormente las suyas, que la vida sexual de la mujer termina así que sus hijos se hacen mayores y ella llega a la menopausia. Estas mujeres contemplan el futuro aguardando el momento en que no deberán ya someterse a aquel «acto sucio o molesto», en el que se espera de una mujer que participe sin placer, Las observaciones realizadas por Masters y Johnson con parejas de edad avanzada en su laboratorio y la experiencia clínica aportada por el tratamiento dispensado en la Fundación, demuestran que es plenamente normal y ciertamente beneficioso para las mujeres de edad continuar la actividad sexual. Explican a los pacientes de ambos sexos cuáles son los cambios que lleva consigo la edad y cómo hacer frente a los mismos.

Las mujeres experimentan el mismo proceso de lentitud progresiva y la misma disminución de hormonas que los hombres de edad. Como resultado, se producen cambios en el ciclo de reacciones sexuales y en la anatomía de los órganos sexuales, Dichos cambios no hacen que la mujer se haga sexualmente disfuncional, sino que ésta debe entender y aceptar este proceso más lento y, de ser necesario, el problema que puedan plantearle las hormonas.

Las cuatro fases del ciclo de reacciones sexuales que presenta la mujer son análogas a las del hombre: excitación, meseta, orgasmo y resolución. La lubrificación de la vagina, primera señal de la excitación sexual en la mujer, se produce más lentamente con la edad al mismo tiempo que se produce menos lubrificante. Las mujeres jóvenes necesitan de quince a treinta segundos para lubrificar la vagina, si bien en el caso de las mujeres de edad puede necesitarse de cuatro a cinco minutos de actividad sexual previa para que se produzca la lubrificación, ya que las delgadas y finas paredes vaginales no ofrecen ya un medio ideal a través del cual pase la lubrificación. El clítoris puede también reducirse de tamaño, aunque seguirá respondiendo a la estimulación sexual y transmitiendo la excitación.

Durante la fase de la meseta se produce una menor elevación del útero; al igual que un aumento mucho menor del conducto vaginal: Las mujeres de edad tampoco experimentan los cambios en el color de la piel visibles en las jóvenes ni los cambios en los labios mayores (labios externos de la vagina).

Las mujeres de edad avanzada acostumbran a presentar una fase orgásmica más corta, al igual que los hombres de su misma edad. Si una mujer cuando era joven tenía de ocho a diez contracciones vaginales durante el orgasmo; al ir avanzando en años puede experimentar sólo cuatro o cinco. En vez de tres o hasta cinco contracciones del útero, pueden ser identificables solamente una o dos: A veces el orgasmo provoca una dolorosa contracción espástica del útero. Este síntoma suele indicar que el nivel de hormonas sexuales se encuentra por debajo del normal, pudiendo aliviarse este trastorno por medio de un tratamiento de reposición. La fase de resolución es rápida, al igual que ocurre entre los hombres.

El Dr. Masters ha sido un convencido partidario del tratamiento de reposición hormonal como medio tera­péutico para combatir las sofocaciones, la irritabilidad y el nerviosismo que acosan a muchas mujeres meno­páusicas. Después de la menopausia el acto sexual puede resultar doloroso para la mujer, porque la disminución de hormonas hace que las paredes de la vagina se adel­gacen y pierdan elasticidad, con lo que se abren y sangran. El tratamiento con hormonas de reposición devuelve en parte las paredes de la vagina a su estado funcional, aliviando este problema.

Las reacciones de la mujer de edad varían según los casos. Algunas no necesitan en toda su vida un tratamiento de reposición de hormonas para mantenerse sexualmente activas. Su producción de hormonas dis­minuye, pero siguen aportando el lubrificante en canti­dades adecuadas. Estas mujeres parecen cruzar el pe­ríodo de la menopausia sin problemas y mantienen un funcionamiento sexual efectivo a través de los años. Otras muestran los signos del envejecimiento con descensos acusados del nivel hormonal aunque no sufren contracciones espásticas del útero; tampoco presentan problemas en relación con la suficiente cantidad de lu­brificación vaginal ni presentan molestia ninguna du­rante el acto sexual. Estas mujeres siguen respondiendo bien porque a lo largo de muchos años realizaron el acto sexual una o dos veces por semana. Las ventajas psicológicas y físicas que resultan de la liberación de las tensiones sexuales de una manera regular parece que contribuye a superar los efectos de la merma hor­monal.

Masters y Johnson han encontrado además, gracias a los estudios realizados, que en las mujeres de edad se produce un aumento del índice de masturbación. Es una consecuencia lógica, ya que muchas han quedado viudas, se han divorciado o están aisladas de los hom­bres. Ocurre también a veces que el marido está enfermo y, por tanto, no puede participar en la actividad sexual, No hay motivos para que estas mujeres, que todavía necesitan liberarse de las tensiones sexuales, no busquen la solución por mismas.

Resultados del tratamiento

Las estadísticas presentadas en Human Sexual Ina­dequacy demuestran que, cuanto más tiempo vive una persona con su problema sexual, menos probabilidades existen de poder solucionárselo. Las personas de edad avanzada presentan un porcentaje de fracasos de un treinta por ciento, porcentaje muy superior al de los jóvenes.

De las cincuenta y seis parejas formadas por cónyu­ges de una cierta edad, que acudieron a la Fundación para someterse a tratamiento, cincuenta y una de ellas lo hicieron porque el marido así lo solicitó. El hombre, por consiguiente, adopta especial importancia en las cifras aportadas por Masters y Johnson. Treinta y cua­tro de los maridos tenían cincuenta y tantos años; die­ciocho, sesenta y tantos, y cuatro, más de setenta. Las esposas de los cincuenta y seis hombres oscilaban en edad entre los veintiocho y los sesenta y nueve años; de ellas, treinta y siete tenían más de cincuenta años. Sólo treinta y siete fueron consideradas aptas para análisis estadístico de personas de edad avanzada. Quince de estas mujeres no habían experimentado nunca el orgas­mo, doce habían tenido orgasmo ocasionalmente y diez funcionaban perfectamente desde el punto de vista sexual. De las cincuenta y seis parejas, había treinta y tres casos en que tanto la esposa como el marido tenían un problema sexual; en el resto de los mismos, sólo uno de los cónyuges presentaba un trastorno evidente. Cuando más viejos eran los cónyuges, mayor era la in­cidencia de disfuncionalidad del marido y de la mujer. Veintiocho hombres de entre los maridos alegaban que habían caído en la impotencia; veintitrés mujeres de entre las esposas se lamentaban de no haber experi­mentado nunca el orgasmo.

Masters y Johnson hacen especial hincapié en que vale siempre la pena tratar de solucionar el problema sexual que puedan presentar las personas cuya edad ha superado los cincuenta, porque hay un cincuenta por ciento de probabilidades de éxito aunque el problema subsista desde un período superior a los veinticinco años. Cuando un terapeuta está en condiciones de resta­blecer un funcionamiento sexual efectivo en la mitad de los casos, su esfuerzo no ha sido inútil.

Hay que reconocer y aceptar como normal la fun­ción sexual en la gente de edad avanzada. Se trata de individuos que quieren mantener su identidad sexual al mismo tiempo que desean seguir disfrutando de las ventajas físicas y psicológicas que esta actividad pro­porciona. Nuestra cultura ha condicionado a los ancia­nos a no esperar nada de la sexualidad y a no disfrutar de ella. Esta es la postura que Masters y Johnson espe­ran poder hacer cambiar.

Enlaces relacionados

http://sexualidad.wordpress.com/2006/09/14/incompatibilidad-sexual/

http://sexualidad.wordpress.com/tag/vejez/

3 comentarios a “Sexualidad en la edad avanzada”

  1. Manny Dice:

    muy buena fuente de informacion es un exito.

  2. Juan Dice:

    Es lo que tienen los clásicos, Manny…

  3. Viaje para las israelies significa mas sexo | ANTOANDREU Dice:

    [...] Ben Gurión, el cual concluye diciendo que tanto si tiene pareja, como si no, la mujer tiene más actividad sexual de lo [...]

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