¿Es la enseñanza pública norteamericana una forma de pederastia? Hace una semana, Brigid Schulte, del Washington Post, contaba que el pasado mes de noviembre un estudiante llamado Randy Castro, que asiste a una escuela de Woodbridge, en Virginia, le dio una palmada en el trasero a una compañera de clase durante el recreo. La profesora lo llevó al director. Los funcionarios del centro redactaron un parte y después llamaron a la policía.
Randy Castro está en primero. Pero, a la avanzada edad de 6 años, ha sido declarado agresor sexual por la Escuela Elemental de Potomac View. Es culpable de acoso sexual y el informe sobre el incidente permanecerá en su expediente por el resto de sus días lectivos (y quizá más allá). Tal vez sea una de esas cosas que aparecen una y otra vez en las comprobaciones de antecedentes: quizá a los 34 años Randy Castro solicite un empleo y en el ordenador de su futuro jefe aparezca de nuevo su ficha de acosador sexual. O tal vez pueda mantenerlo en secreto hasta que tenga 57 y se presente a gobernador de Virginia y su carrera política explote inesperadamente cuando los sórdidos detalles de su patología sexual se den a conocer. Pero eso es lo que es ahora: Randy Castro, agresor sexual. El título del informe expone su crimen: “Toque sexual contra estudiante, ofensivo”. La coma, extrañamente colocada, también podría considerarse ofensiva si no fuera porque los empleados del centro tienen que emplear tantas energías en combatir la epidemia de acoso sexual entre los escolares que ya no pueden permitirse perder el tiempo adquiriendo habilidades secundarias como la puntuación.
Desde que una niña o un niño nace, hay ya muchos comportamientos adultos que están favoreciendo o dificultando su educación sexual. Desde el nacimiento, el bebé aprende cosas sobre sí mismo y sobre su cuerpo. Si el bebé muestra una vulva, es una niña. Si tiene pene, un niño. A partir de este hecho biológico, la madre y el padre, así como los familiares, adoptan comportamientos diferentes con el recién nacido y esperan cosas diferentes para su futuro. Sería conveniente que el trato hacia niñas y niños no les restara posibilidades de desarrollo, sino que les sumara posibilidades. Por ello, sería importante que se tratara a ambos igual y se les dieran las mismas oportunidades.
El recién nacido adquirirá capacidades motoras a lo largo del primer año de vida que le permitirán incluso el desplazamiento autónomo con los primeros pasos. A nivel emocional, el niño/a desarrollará emociones cada vez más precisas (placer, displacer, alegría, ira, tristeza…) asociándolas a determinados acontecimientos, situaciones y personas.
Sus relaciones con su madre y su padre, así como con las personas más allegadas, irán fortaleciéndose, estableciendo lazos afectivos muy fuertes con sus cuidadores principales. Los vínculos de apego con el cuidador o los cuidadores principales, influirán en gran medida en las posteriores relaciones de la niña o del niño, en si se siente digno de ser amado, y en si confía en gustar tal y como es. Si se le transmite al bebé cariño, amor, se le atiende, y se le demuestra que se le quiere tal y como es, se estará contribuyendo también a su educación afectiva y sexual.
Study: Spanking children affects their sex lives as adults
By Associated Press | Friday, February 29, 2008
DURHAM, N.H. - New research by a University of New Hampshire domestic abuse expert says spanking children affects their sex lives as adults.
Professor Murray Straus concludes that children who are spanked are more likely as adults to coerce partners to have sex, to have unprotected sex and to have masochistic sex.
Other studies have shown the link between spanking and physical violence, but Straus said his research is the first to show a link between corporal punishment and sexual behavior.
“My underlying motive was to bring this to the attention of parents and of more people,” Straus said, “in the hope it will help continue the decrease in the use of corporal punishment.”
Straus, co-director of UNH’s Family Research Laboratory, conducted a study in the mid-1990s in which he asked 207 students at three colleges whether they’d ever been aroused by masochistic sex. He also asked them if they’d been spanked as children. He found that students who were spanked were nearly twice as likely to like masochistic sex.
He has bundled that study with three new ones that explore the connections between corporal punishment, coerced sex and risky sex. He presented all four studies this week at the American Psychological Association’s Summit on Violence and Abuse in Relationships in Bethesda, Md.
NEW YORK (Reuters Health) - A “substantial minority” of 15-year-olds have had sexual intercourse, according results of a survey of 33,943 adolescents from 24 European and North American countries.
In additions, 13.2 percent of the sexually active 15-year-olds surveyed reported that they used no form of contraception during their last intercourse episode.
The good news, Dr. Emmanuelle Godeau, from Service Médical du Rectorat de Toulouse, France, told Reuters Health, is that among these sexually active teenagers, the vast majority (82 percent) is acting responsibly, “protecting themselves and their partner against pregnancy with age-appropriate contraception (condoms and/or pills).”
“Our results — in line with the rest of the scientific literature in this domain — show that, on the whole, teenagers are well protected against pregnancy but that there is room to improve the promotion of responsible sexual behavior among adolescents in several countries,” Godeau said.
The percentages of 15-year-olds who said they had sexual intercourse varied by country ranging from 14.1 percent in Croatia to 37.6 percent in England. Boys were more apt than girls to report having had sexual intercourse.
Condoms were the most popular means of contraception reported by young teens; however, condom use varied widely between countries, ranging from 53 percent in Sweden to 89 percent in Greece.
Mikel Resa Ajamil - Sexólogo y profesor
EL PAÍS - Opinión - 07-01-2008
Mientras leía el reportaje “El aborto se dispara“, mi estómago se encogía. Siempre he defendido que aquí residen los sentimientos más humanos. Pero se encogía no sólo por los datos, que realmente son duros de digerir, sino por ver cómo culpabilizamos a las jóvenes y, lo peor de todo, cómo se tiran balones fuera.
El mundo sanitario, políticos e incluso la Iglesia, atribuyen estos aumentos de las interrupciones voluntarias del embarazo a múltiples razones, pero cada uno lo lleva a su territorio y habla de cosas diferentes. Se dice en el reportaje: ¿Fracaso de la formación sexual? Y yo me pregunto: ¿Pero a cuál se refieren? ¿A los programas de prevención que sólo reparten preservativos? ¿A la transversalidad que nunca nadie llegó a creérsela y a desarrollarla? ¿A los programas socio-sanitarios que sólo informan sobre los métodos anticonceptivos?
Tengamos pues las cosas claras. Lo que falla son los parches puestos uno tras otro. Una verdadera educación sexual no ha podido fallar porque jamás ha sido desarrollada coherentemente. Apostemos por la educación sexual reglada en nuestros centros educativos y no tratemos de educar a nuestros/as hijos/as con parches partidarios.
Una de cada 100 españolas interrumpe su embarazo - Fracasa la formación sexual
EMILIO DE BENITO / MÓNICA C. BELAZA
EL PAÍS - Sociedad - 04-01-2008
Una de cada 100 mujeres de 15 a 44 años (el periodo considerado fértil) aborta en España cada año. La cifra no deja de crecer desde la despenalización del aborto en 1985. Casi el 40% son menores de 25 años -y el 14% no llegan a los 19-. Cada vez se interrumpen más embarazos y a una edad más temprana, según los datos de 2006 hechos públicos ayer por el Ministerio de Sanidad en su web. Las interrupciones del embarazo se han duplicado en los últimos 10 años. ¿Se usa el aborto como un método anticonceptivo más? ¿Se ha perdido el miedo a abortar? ¿Por qué los jóvenes de la sociedad de la información no usan anticonceptivos? “Un aborto es un fracaso educativo y asistencial”, señala Guillermo González, presidente de la Federación de Asociaciones de Planificación Familiar. “Pero también hay que tener en cuenta que ahora los jóvenes tienen más relaciones sexuales y que las mujeres han asumido su derecho a interrumpir un embarazo cuando no se ven capaces de afrontarlo. Y lo hacen. Aunque ahora precisamente estamos viviendo una campaña que puede volver a instalar el miedo de 20 años atrás”.
Las cifras del ministerio llegan en un momento de especial beligerancia en contra del aborto. Con médicos y enfermeras en prisión preventiva por unos presuntos abortos ilegales realizados en Barcelona a mujeres en avanzado estado de gestación y con una fuerte campaña de grupos antiabortistas contra las clínicas que llevan a cabo interrupciones de embarazos.
Leyendo Las arquitecturas del deseode José Antonio Marina he encontrado una cita maravillosa que distingue con gran claridad entre necesidades, deseos y apetencias. En seguida me ha venido a la cabeza lo útil que sería enseñar a los adolescentes las diferencias entre estos conceptos en las clases de educación sexual. Así que os la dejo aquí por si os resulta de provecho. Por cierto, la cita no es de Marina sino de un libro sobre publicidad, escrito por el Grupo Marcuse, titulado De la miseria humana en el medio publicitario (Melusina, 2006)
El consumismo actúa en un plano muy distinto, el de las apetencias. Que algo nos apetezca significa por un lado que ese algo nos es indispensable (no es una necesidad) y por otro lado que no lo anhelamos desde lo más profundo de nuestro ser (no es un verdadero deseo). Las apetencias sociales son sociales y fugaces, siempre relativas a individuos cuyo estatus envidiamos. La publicidad las azuza. Recurre a modelos que dan envidia, hace apetentes a los consumidores y los fuerza a un mimetismo tan caprichoso como rápida es la renovación de las panoplias que hay que poseer para identificarse con los estereotipos que propone. El consumismo es el mundo social de las apetencias y el reino momentáneo de los caprichos. Por eso no debe sorprender que no sea demasiado satisfactorio. El placer es proporcional a la intensidad del deseo, que cree con el tiempo de la privación. La apetencia es el grado cero del deseo. Ceder a ella no aporta más que un breve y limitado placer, como puede verse en los ninños consentidos o con la “depresión poscompra”. La excitación aumenta hasta pasar por caja, y se desvanece tan rápido como había aparecido. La apetencia es fundamentalmente una pasión triste (Spinoza). Cargada de resentimiento, solo engendra frustración, porque siempre habrá alguien y algo que apetecer. Ése es precisamente el ardid del consumismo. Puesto que se basa sólo en apetencias, se alimentará a sí mismo en una huida hacia adelante que, si no tiene el mérito de satisfacer a las personas, por lo menos lubrica la maquinaria capitalista.
La semana pasada, al dar una charla de educación sexual en un instituto de la Comunidad de Madrid, explicaba a los adolescentes que la identidad sexual consiste en sentirse hombre o mujer. Al preguntarles, como ejemplo de transexual, por Amor de Gran Hermano, hubo asentimiento general en que era una mujer si así se sentía. Salvo una chica que expresó sus dudas: “Yo creo que aunque la tenga chiquitita, sigue siendo un hombre”. Si los genitales son lo definitorio, le pregunté, ¿qué pasaría si tuviesen que extirparte el útero y los ovarios por un cáncer? ¿Seguirías siendo mujer? “Sí, claro”, me contestó. ¿La identidad sexual depende entonces de los genitales o de lo que pase por tu cabeza? Tras un balbuceo y una mueca de lucha interna, musitó: “depende de la cabeza”.
Si una chica de 15 años es capaz de reflexionar sobre sus prejuicios, no espero menos de Mercedes Milá (”una mujer lo es en la medida en que físicamente tiene todo lo que debe tener una mujer”. EL PAÍS 27/11/2007). Y no lo digo por politiquería correcta o incorrecta, sino por sentido común, ciencia y decencia.
(Carta enviada al director de EL PAÍS el 28/11/2007)
Standing on line at the grocery store almost anywhere in America, the hapless shopper is bombarded with insistent exhortatory headlines: blow his mind; sexual bliss secrets!; get his sexual attention instantly; what he’s thinking about you . . . naked. Perhaps she stands in front of them to prevent her mother or her kid from reading them aloud. Or she skims the copy to see if it might deliver the promised ecstasy. Whether or not she actually buys women’s magazines, she can’t escape their sexual anxieties, enthusiasms, and obsessions.
Our shopper might have been all ears at a fall cocktail-hour panel of women’s magazine editors, hosted by Mediabistro.com, a media networking organization, and held at Obeca Li, a trendy nouvelle Asian restaurant in lower Manhattan. Audience members, mostly senior-level editors and writers for women’s magazines, joined the panelists in voicing many familiar complaints about the industry: too many skinny models, even more emaciated feature stories, and too much advertiser influence on editorial content. Laurie Abraham, executive editor of Elle magazine, however, had something else on her mind. The worst thing about women’s magazines, she asserted during the panel discussion, is how much “we lie about sex.”
Under normal circumstances, a roomful of experienced journalists might rise up in outrage at being called liars. But Abraham’s statement was met with nods of guilty agreement and mildly embarrassed “tell me something I don’t know” shrugs. No one denied the charge.
This is not Watergate, of course, or even Monica-gate. Yet these ubiquitous stories about sex are presented as journalism, chock full of analysis and quotes, and they are surely believed by many of their readers. They are a formidable cultural force, shaping and reinforcing our attitudes about men and women, orgasms and relationships. Women’s magazines run scrupulously reported and fact-checked articles on such subjects as breast cancer and women under the Taliban. Do they have a problem with sex?
Más o menos, creo que todos estamos al cabo de la calle acerca de los retoques que se hacen con Photoshop a las famosas; esas con las que sueñan algunos en las revistas y a las que otras intentan parecerse. A veces se les va la mano con los retoques, y dejan a las chicas sin ombligo, y otras… ¿son ellas?
Estuve ayer dudando si colgar el artículo sobre los hijos de lesbianas. ¿No ha quedado ya claro que su adaptación es más que adecuada?¿Que no padecen “confusiones” de ningún tipo? ¿Que lo único que necesitan son figuras de apego estables y que les den cariño? ¿Que esto sucede tanto en parejas homosexuales como heterosexuales? ¿Realmente hace falta insistir en lo obvio? Sí, hace falta…
Después leer un extracto sobre las creencias (no llegan a pensamientos) del antiguo presidente del Gobierno, es evidente que queda una labor dura por delante. Veamos lo que dice Aznar en sus Cartas a un joven español (2007):
- Familia: hombre y mujer. Por mi parte yo creo, Santiago, en una familia compuesta de un hombre y una mujer, con hijos, y extendida a todos los miembros que por costumbre, por consanguinidad o integración, pertenecen a ella. Existen otras formas de convivencia, homosexuales o heterosexuales. Hay que respetarlo. Pero no estoy de acuerdo en que se considere cualquier situación equivalente a la familia de la que te hablo. Ni equivalente, ni alternativo.
- Hijos de homosexuales. No sé, y creo que nadie lo sabe, qué pasará cuando un niño o una niña no puedan llamar padre ni madre a quienes se dicen sus progenitores pero que en muchos casos no lo van a ser. ¿Qué idea del mundo y de la realidad van a tener unos niños así criados? ¿La de que todo es posible? ¿La de que las leyes pueden dar satisfacción a todos los deseos?
ScienceDaily (Sep. 30, 2007) — A study of families in the Netherlands indicates that children raised by lesbian couples “do not differ in well being or child adjustment compared with their counterparts in heterosexual-parent families.”
“The findings in the Dutch study are identical to those in a very large number of U.S. studies,” said Robert-Jay Green PhD, director of Rockway Institute, a national center for research and public policy on lesbian, gay, bisexual and transgender issues. “Children do well in loving families, regardless of whether there are two moms or a mom and a dad involved.”
The study was conducted by Henny Bos, Frank van Balen, and Dymphna van den Boom of the University of Amsterdam.
¿Qué defectos tiene esta forma de educar?¿Y qué ventajas? ¿Alguien recibió una charla por el estilo de sus padres? ¿Cómo hubieseis preferido que os lo dijeran? Curiosidades que tiene uno…
Más de la mitad de las menores que quedan embarazadas detiene la gestación - El total de abortos en España bate sus máximos cada año, con 91.600 intervenciones en 2005
CARMEN MORÁN - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 27-09-2007
Las adolescentes se quedan embarazadas y abortan. Y a pesar de haber pasado por esa desagradable experiencia vuelven a quedarse embarazadas y vuelven a abortar. El 99% de los embarazos entre las adolescentes no son deseados, pero en 2005 más de 9.600 menores de edad se encontraron con esa sorpresa, un 8% más que el año anterior y 5.504 recurrieron al aborto. Un porcentaje elevado repite el error. Calculado sobre las menores de 15 a 19 años, 1.421 muchachas pasaron en 2005 por las clínicas para interrumpir por segunda vez otro embarazo temprano, el 11% de las que abortaron a esa edad, un porcentaje creciente cada año. Todas ellas son las cifras más altas de que se tiene constancia: 12.883 abortos, un 49% sobre el número de embarazos entre los 15 y los 19 años. Una cifra que se ha duplicado en una década.
Uno de cada siete jóvenes sustituye los preservativos por la ineficaz y peligrosa marcha atrás en sus relaciones sexuales, y los abortos no dejan de aumentar. En una década el porcentaje de abortos entre las menores de edad ha pasado de ser alrededor del 35% a superar el 57%.
Step Up Love Story: Futari Etchi.
By Katsu Aki.
Japanese edition: Tokyo: Hakusensha, 1997-. Paper, $10.99/volume.
French edition: Boulogne: Senpai/Pika Édition,
2004-. Paper, 7.1 Euro/volume.
Step Up Love Story is a Japanese graphic novel (in Japanese, manga), now up to volume 19 in Japan. So far, volumes up to 11 have been translated into French and a good many into Spanish and German. It has not been translated into English. This review is based on the French edition.
The Japanese title blends English and Japanese. Futari means “couple” and etchi means “H,” an abbreviation for hentai, “perverted” or “sexy.” We’d probably translate the title as something like Step-by-Step Love Story: X-Rated Couple.
Why are we reviewing a Japanese-language manga series readable to us only in French? Because it’s something most pointedly NOT available in America: a unique, engaging, and quite intriguing blend of sex manual and erotic soap opera.
The overall plot centers on the sexual life of 25-year-old newlyweds Makoto and Yura, both shy and without any sexual or dating experience and who meet through a marriage broker. Arranged marriages are still fairly common in Japan, though not in the majority. Aki uses this premise so that he can take the new couple from, sexually speaking, square one to square N. Currently, the series is still being published in Japan, with, the cover says, over 16 million copies sold so far. Each episode tells a mini-story and imparts a sex-related lesson.
Publica El País un artículo sobre la polémica en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Más allá de algunos matices sobre filosofía política, tengo para mí que el meollo de la resistencia a esta asignatura viene de los contenidos sobre sexualidad, especialmente sobre el matrimonio gay. He oído cosas gruesas e impropias de tiempos modernos como que dar esta asignatura es “colaborar con el mal” o “fascismo” sin más. Todo esto me preocupa porque se supone que desde la LOGSE (y ahora con la LOE) ya hay educación sexual en las escuelas, bien que diluida por su carácter transversal y reducida en el mejor de los casos a charlas de unos días impartidas por ¿quién? (¿sexólogos?¿asociaciones religiosas? ¿voluntarios?) ¿Por qué eso no ha generado discusión? ¿Qué educación sexual se recibe en las escuelas? Confieso que ante la variedad de textos que la acompañan (a continuación, una muestra; ojito con el inefable Enrique Rojas) un escalofrío me ha recorrido el espinazo.